
A veces, cuando miraba atrás, me daba cuenta de lo lejos que estaba de mi punto de partida. Hace casi 9 años que decidí emprender este camino.
Al principio, intentaba alcanzar con la mirada mi punto de destino, suponiéndolo cada vez más cercano. Pero este camino tiene algo especial. Cuando pienso que queda poco para llegar a mi destino y siento que estoy muy cerca, de repente me doy cuenta de que no es así, que me queda mucho aún por recorrer, y curiosamente, parece que estoy cada vez más lejos de alcanzar mi destino.
Me pregunto si estoy en la dirección correcta, o por el contrario, si me equivoqué al elegir en algún cruce de caminos. ¿Es el destino el que se desplaza, o soy yo el que no avanzo?.
En estos momentos, es cuando debo decidir si merece la pena continuar avanzando, con todo el sacrificio que supone el caminar en el crudo invierno y en el duro verano, o por el contrario, es preferible pensar que ya he llegado a mi destino, acomodándome y descansando de la larga caminata.
La pena es que no cuento con ninguna guía de carreteras donde poder consultar dónde me encuentro, ni por lo tanto cuánto falta para llegar a mi destino. Sólo me tengo a mí mismo, y debo escuchar a mi corazón para conocer la respuesta, aunque seguramente nunca la obtendré.
El recorrido del camino no es ni mucho menos fácil, está lleno de momentos de sacrificio, incluso sufrimiento, pero a su vez la superación de estos momentos me hace sentir mejor, y retomo las fuerzas que dejé en el trayecto recorrido, para continuar avanzando.
Descubrí hace tiempo que el llevar una gran mochila, donde iba guardando todo lo que me iba encontrando no era bueno, pues llegaba un momento que esta mochila me pesaba mucho, dificultándome el avance.
Entonces me surgió la idea de ir vaciando la mochila de vez en cuando, pero sin tirar los objetos que en ella llevaba al suelo, sino entregárselos a alguien que los pudiera aprovechar.
De esta forma, he conseguido vaciar por primera vez mi mochila, entregando todo lo que llevaba en ella a un grupo de personas con las que me crucé en el camino. Ellas se fueron contentas de lo que les había entregado, y yo, a su vez, me he quedado mucho má cómodo, más ligero, para poder continuar avanzando por el camino.
Así, he llegado al contradictorio objetivo de seguir llenando mi mochila, para de esta manera, una vez llena de nuevo, poder vaciarla, entregándole a alguien que lo necesite mis pertenencias encontradas, y a su vez, sentirme bien, dándole un sentido a mi decisión de seguir avanzando.
Ya no tiene sentido mirar atrás, ni mirar adelante.
¿Mi destino?. Recorrer el camino.
Alex