FUNDAMENTOS DE LA DEFENSA PERSONAL
Por: Daniel Compán López de Lacalle
“Cuando nuestra vida corre peligro cualquier técnica es buenaâ€. Sin embargo no podemos tomarnos a la ligera estas palabras pues no siempre que nos encontremos en una situación de peligro vamos a estar en peligro de muerte. Es por esto que cualquier persona que estudie artes marciales ha de tener un total control de su fuerza, su cuerpo y su mente. De esta forma, después de valorar la situación, podrá actuar en consecuencia, usando sólo la fuerza necesaria para vencer al enemigo.
La defensa personal nos enseña a usar los conocimientos adquiridos en la practica de las artes marciales para maximizar nuestra eficacia con el mÃnimo esfuerzo, a actuar en situaciones que nos son desconocidas, desfavorables y/o imprevistas, y a mantener la sangre frÃa. Esto aumenta nuestras posibilidades de victoria en gran medida, por lo que también adquirimos confianza en nosotros mismos y seguridad para afrontar las adversidades con que nos encontramos a lo largo de nuestra vida. En este texto expondré brevemente cuales son las principales fundamentos de una sólida defensa personal y como entrenarlos.
• El movimiento corporal: Un buen movimiento corporal es fundamental para poder desplazarnos, esquivar los ataques del adversario y poder ejecutar las técnicas. Para ello el alumno ha de dominar el desplazamiento en giro por detrás (con paso o directamente). Esto es lo que llamamos comúnmente “pivotar†y se incluye muchas técnicas. También es importante el desplazamiento lateral ya que nuestra guardia ha de ser lateral para ocultar la mayor parte posible de nuestro cuerpo al adversario. Con los movimientos diagonales ganamos distancia de ataque al mismo tiempo que reducimos la del oponente.
• El equilibrio: Nuestro equilibrio ha de permanecer inalterable. Aún cuando nos movamos nuestro equilibrio ha de ser constante, hemos de hacer de el nuestro pilar y nuestro estandarte, si lo perdemos perderemos el combate. A su vez nosotros trataremos de romper el equilibrio de nuestro adversario haciendo uso de nuestro movimiento corporal. Para no perder el equilibrio procuraremos movernos con naturalidad, flexionando ligeramente las rodillas y manteniendo en todo momento la parte superior del cuerpo recta.
• No usar la propia fuerza: Cuando tenemos un buen movimiento corporal y un equilibrio estable, tenemos las bases para poder vencer sin esfuerzo. Pero primero hemos de aprender a “ver†las “fuerzas†de que disponemos, y aprender a usarlas a nuestro favor. La fuerza de la gravedad, la inercia, la fuerza centrifuga y centrÃpeta, la fricción, la tensión … y sobre todo la fuerza de nuestro adversario. Para aprender a usar su fuerza en su contra hemos de aprender a redirigirla y para ello tenemos que movernos con fluidez.
• La temporización y la distancia: Estar en el lugar oportuno en el momento preciso. Aún cuando seamos capaces de controlar lo anteriormente mencionado, no nos servirá de nada si no estamos bien colocados o realizamos las técnicas a destiempo. Esto es más difÃcil de ver porque, cuando practicamos, nuestro compañero nos permite que corrijamos esta deficiencia quedándose quieto. Si bien esto es necesario al principio, para que podamos aprender a realizar la técnica, hemos de ser siempre conscientes de esta deficiencia cuando la cometemos y tratar de corregirla poco a poco. Hay que tener siempre presente que, en un enfrentamiento real, nuestra oportunidad de contraataque dura menos que un parpadeo.
• Técnicas básicas: Para poder enfrentarnos a las situaciones más comunes, practicamos repetidamente una serie de técnicas básicas que nos pueden servir en múltiples situaciones. Estas técnicas incluyen rodamientos, caÃdas, golpes, sueltas, luxaciones, proyecciones, estrangulaciones, palancas y controles.
• Puntos vitales y de presión: Hay que saber en que partes del cuerpo se encuentran los puntos vitales para poder dirigir nuestros ataques a esas zonas, haciéndolos asà más efectivos. Pero también es necesario conocerlos para resguardar los nuestros, especialmente si nos enfrentamos a un adversario que use algún tipo de arma blanca. Por otro lado, el conocimiento de los puntos de presión es muy útil para reducir a un enemigo, aturdirle o hacer que suelte su agarre, todo ello sin necesidad de usar una gran fuerza por nuestra parte. Para localizar estos puntos podemos usar nuestro propio cuerpo como banco de pruebas y luego intentar encontrarlos en un compañero.
• No pensar, actuar: Como hemos dicho, nuestra capacidad de reacción ante un ataque es muy limitada. Es por ello que hemos de realizar nuestras acciones sin pensarlas, sin planificarlas. Como se suele decir “en momentos de crisis no es tan importante decidir que hacer como actuarâ€. Es mejor lidiar con las consecuencias de tu acción que con las del enemigo. Para evitar quedarnos parados ante un ataque o bloqueados ante una acción que hayamos tomado precipitadamente disponemos de las técnicas básicas, las cuales tenemos tan aprendidas que realizamos automáticamente, sin pensar. Con el tiempo y la practica todos los movimientos se realizan automáticamente y nuestro cuerpo se moverá sólo, pero para llegar a eso hay que saber liberarlo de las ataduras de la mete.
• Usar los elementos: Hemos de saber usar los elementos y el entorno a nuestro favor. Ante la perspectiva de un combate hemos de echar un rápido vistazo a nuestro alrededor y tratar de situarnos en la posición más ventajosa, evaluar las posibles rutas de huida y objetos que puedan ser usados como armas. Si hace sol, viento o lluvia procuramos colocarnos a su favor. Si el suelo esta húmedo buscar una zona seca. Usar las sombras y los reflejos para controlar los ataques por la espalda. Si hay pendiente o escaleras colocarnos en una posición elevada. Y también observar a nuestro/s oponente/s para tratar de averiguar sus puntos débiles y fuertes. Podemos entrenar nuestro poder de observación haciéndonos estas preguntas cuando estemos en cualquier lugar.
• Valorar la situación: Antes de pelear nos conviene hacernos estas preguntas: ¿PodrÃa evitar la pelea?, ¿cómo?, ¿tengo posibilidades de ganar?, ¿a qué precio?, ¿cuales pueden ser las consecuencias?, ¿estoy dispuesto a involucrar a compañeros, amigos o familiares sólo porque estén presentes?… Quizás incluso te convenga hacerte estas preguntas antes de verte envuelto en una situación similar, ¿qué harÃa en tal caso?, ¿cuáles son mis lÃmites?, ¿contra cuantas personas seria capaz de enfrentarme a la vez?… Si al final tomas la decisión de pelear ten presente que puedes resultar malherido aunque ganes, y que al final deberás afrontar las consecuencias.
• Desechar el miedo y la duda: Si decides luchar o no te han dejado elección, entonces aleja de ti el miedo y la duda, no dejes que te paralicen. Tampoco dejes que el odio o la ira nublen tu razón y dirijan tus acciones. Para poder conseguirlo practica ejercicios de relajación, meditación y respiración. Si no te ves capaz de despojarte del todo de estos sentimientos por lo menos no los muestres.