Cuando comenzamos nuestro camino Marcial, cada uno de nosotros lo emprendemos por motivos muy diferentes; unos por salud, otros por buscar un método de defensa, otros por salir de la rutina etc., hay un motivo por cada uno de nosotros, esa es una de las grandezas de nuestro Budo, hay cabida para todos.
Pero a medida que avanzamos en el tiempo y en el entrenamiento, estos motivos se van desvaneciendo y vamos descubriendo como florecen sentimientos nuevos ante nosotros que no entendemos, unos sentimientos que nuestro Budo tiene reservado a aquellos que tienen el NIN suficiente para llegar a descubrirlo, uno de estos sentimientos es: SEISSHIN TEKI KIOYO, refinamiento espiritual.
Aunque llevo unos cuantos años entrenando, creo que mi verdadero camino comienza ahora. Ahora es cuando empiezo a leer entre líneas las palabras de mi maestro, ahora empiezo a asimilar poco a poco, las enseñanzas de Sensei y los valores que desde la Bujinkan se nos trata de transmitir. Esos valores que se van arraigando en nosotros a medida que vamos creciendo, tanto, en nuestro camino Marcial como en nuestro camino en la Vida, porque estos dos senderos se van recorriendo al unísono de forma intrínseca y no nos damos cuenta que realmente son UN solo DO, no existiría el uno sin el otro.
Al igual que un rio ve aumentado su caudal de agua con la ayuda de sus afluentes, los cuales unos le aportan agua limpia y otros, agua no tan limpia, al final toda esta agua desembocará en el mar, donde se unen y se mezclan, nosotros, nos vamos enriqueciendo con las enseñanzas del SOKE a través de nuestro maestro, nuestras propias experiencias y vivencias compartidas con los demás buyus, que hacen, igual que un rio, vallamos llenándonos de sentimientos positivos y negativos los cuales se mezclaran en nuestro mar, donde intentaremos filtrar el agua sucia para quedarnos solo con el agua pura y cristalina, que hará que crezcamos como seres humanos y budokas.
Ahora que creo ver el primer peldaño de la escalera, digo creo, por que ante este rayo de luz que aparece ante mí, todavía hay un halo de sombra que enturbia mi vista, pienso, si el tiempo que he estado entrenando anteriormente ha sido un tiempo perdido.
Es algo que me ha preocupado hasta ahora y tras un periodo corto de tiempo en el cual no he practicado, he tratado de ver y comprender el Budo desde otro prisma diferente, y me he dado cuenta que realmente nuestro aprendizaje, al igual que cuando somos niños, lo primero que se nos enseña para poder comunicarnos son las vocales, a continuación las consonantes y a partir de este instante ya podemos empezar a formar silabas y progresivamente irán llegando nuestras primeras palabras, nosotros también pasamos por un periodo de aprendizaje, sin el cual, seriamos incapaces de armonizar nuestro cuerpo, mente y espíritu.
Sin este aprendizaje estaríamos perdidos en un mundo no lleno de dificultades y oscuridad.
La base es la esencia de todo.
Si tenemos una base solida, seremos capaces de afrontar cualquier imprevisto que surja en nuestro camino. Como dijo un gran amigo y buyu, “Uno no se aleja tanto del camino, como cuando cree conocerlo”.
Es curioso como la respuesta a nuestras inquietudes las tenemos ahí, solo hay que intentar tener la mente abierta a todo y a todos, las respuesta irán llegando paulatinamente una tras otra. Sensei nos enseña el camino, pero el camino, como la mayoría de las cosas importantes de la vida, tenemos que recorrerlo nosotros, ya depende hasta donde queramos llegar.
Tengo que dar las gracias a Frank, mi maestro, por ponerme frente este primer peldaño, por hacerme Pensar sin Pensar, por enseñarme que la paciencia es solo un momento, aunque a veces dure toda una vida, por las enseñanzas dadas y las venideras, y como no, a todos los buyus conocidos y a los que me queda por conocer, gracias por dejarme aprender de vosotros.
Ojala tenga el NIN suficiente para llegar a descubrir y entender algún día el SEISSHIN TEKI KYOYO.
Juanjo.
