LA COHERENCIA ES SANA. BUENA PRÁCTICA PARA EL 2009
Diciembre 28, 2008
Ser coherente con tus acciones quiere decir hacer lo que piensas, sientes o deseas.
Por suerte o por desgracia no siempre podemos mantener este equilibrio entre acción y empuje. Digo por suerte porque por nuestra educación o nuestra conciencia consigue que no nos vayamos pegando o asesinando unos a otros (el instinto lo tenemos todos). Pero también lo digo por desgracia porque esa misma educación o exceso de pudor a veces tampoco nos permite amar, sonreír, abrazar a todo aquel que se cruce en nuestra vida y nos regale unos segundos de felicidad (los niños lo hacen, luego este instinto también lo tenemos todos).
Cuando trasladamos esta falta de orden a otros aspectos de nuestra vida mós cotidiana (quiero cambiar de trabajo pero no busco otro, me he enamorado de otra persona pero no dejo a mi pareja actual, o quiero tener salud pero no me cuido) se produce la enfermedad.
Hay un poema que marca muy bien esto:
“Planta un pensamiento y recoge una palabra
Planta una palabra y recoge una acción
Planta una acción y recoge un carácter
Planta un carácter y recoge un destino”
Es decir: si tus pensamientos y tus palabras van por un lado y tus acciones y tu carócter van por otro, el resultado será un destino distorsionado.
El cambio, como la libertad, da mucho miedo. Siempre es fácil dejar que los demás decidan (Dios, el karma, las drogas o tu mejor amigo) porque echar las culpas a otros se nos da de maravilla. Y si no queremos utilizar este recurso también podemos acusar al dinero, al alcohol o a la suerte.
Solo aceptamos el cambio cuando nos vemos en el abismo, cuando estamos tan hasta el moño que si no provocamos una ruptura de la situación podríamos ponernos enfermos o reventar.
Precisamente aquí está la clave, en el cambio. Recuperar nuestra coherencia es recuperar nuestra salud.
Hay una diferencia fundamental entre curarse y sanarse y es que lo primero lo podemos conseguir con una receta, con una escayola o con un buen matrimonio. Pero esto no son nada mós que parches y no soluciones definitivas.
Sanar requiere un esfuerzo mayor, modificar nuestra conducta. Tomar conciencia de lo que nos está pasando puede ser un buen comienzo. Después deberíamos buscar en lo más hondo de nosotros mismos cuál es el placer que encontramos en la enfermedad: consuelo y atenciones de los demás, evitar que nos abandone nuestra pareja, tener algo que hacer (por ejemplo cada 8 horas). Y por último, para conseguir un buen desenlace, averiguar dónde perdimos la coherencia.
Podemos utilizar muchos medios o terapias para curarnos, para recuperar salud, pero para sanar además de todo esto tenemos que hacer lo más importante: un cambio en nuestras actitudes.
Esta podría ser la receta que han utilizado los que han experimentado curaciones milagrosas de enfermedades incurables o incluso mortales.
Y es que si no elegimos nuestro propio destino, el destino al final decide por nosotros.
Frank J. Tortosa
Tai Ryu - Shihan -
